Supermielage, el auto hecho por estudiantes que recorre casi 1,000 Km/L

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Cuando pensamos en eficiencia energética, el imaginario colectivo suele apuntar hacia los autos eléctricos. Pero un grupo de estudiantes de la Universidad Brigham Young, en Utah, acaba de recordarle al mundo que los motores de combustión interna aún guardan muchas posibilidades.

El vehículo se llama Supermileage y fue diseñado específicamente para participar en la Shell Eco-marathon, una competencia internacional centrada en llevar la eficiencia de combustible al límite. El resultado es un número difícil de creer a primera vista: 911 kilómetros por litro de etanol.

Para lograr esa cifra, el equipo tuvo que repensar casi todo lo que damos por sentado en un automóvil convencional. El chasis está construido íntegramente en fibra de carbono y el vehículo completo pesa apenas 49 kilos. Su forma —a medio camino entre un triciclo y un monoplaza— está optimizada para reducir la resistencia al aire al mínimo posible. Solo puede transportar a una persona de no más de 1.63 metros de estatura y 54 kilos de peso. No hay lujos, no hay excesos, no hay nada que no sea estrictamente necesario para moverse.

Las pruebas oficiales se realizaron en el Indianapolis Motor Speedway, donde el Supermileage completó un recorrido de 16 kilómetros. En lugar de un depósito de gasolina, el vehículo cuenta con un pequeño recipiente de apenas 30 mililitros conectado directamente al motor, lo que también contribuye a mantener el peso total en un mínimo histórico.

Para dimensionar lo que significa ese rendimiento de 911 km/l en términos cotidianos: con un solo litro de etanol, este vehículo podría cubrir la distancia que separa a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas de la Ciudad de México, (unos 700 km) y seguir rodando. El límite teórico del vehículo cae aproximadamente en la zona fronteriza entre Guerrero y Michoacán, dependiendo de la ruta.

Eso sí, el viaje sería notablemente lento, y es que la velocidad máxima del Supermileage está limitada a 37 km/h. Y cualquier condición climática adversa —viento de frente, ráfagas laterales— afectaría inevitablemente esa cifra récord. La eficiencia de este tipo de vehículos es extremadamente sensible al entorno.

Lo que demuestra el proyecto no es que debamos reemplazar nuestros autos por triciclos de fibra de carbono, sino que, cuando se diseña un vehículo de combustión interna sin concesiones al confort ni al tamaño, el potencial del motor convencional resulta ser extraordinariamente mayor de lo que los automóviles de producción en masa han llegado a explotar.

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